Nociones básicas del Viaje Chamánico de Tambor
Nociones básicas del Viaje Chamánico de Tambor
En la visión chamánica coexisten tres mundos. El Mundo del Medio, El Mundo de Abajo y El Mundo de arriba.
El Mundo del Medio, es este, en el que nos percibimos y nos conectamos en la materia, el mundo donde habitamos en cuerpo físico. El mundo denominado Ordinario. En la llamada realidad ordinaria.
El Mundo de Abajo, es el espacio espiritual, donde habitan los Animales de Poder, en sus territorios. Seres espirituales llenos de poder, amor y sabiduría, que nos asisten y acompañan desde siempre. Cada uno de nosotros tiene su Animal de Poder. Lo hayamos conocido o no, lo hayamos conectado o no. De hecho, tenemos más de uno.
Puede que de alguna manera los hayan contactado, o se les hagan presentes en algunas situaciones, o en sueños recurrentes. Están, y están disponibles para cuando nosotros queramos acudir a ellos.
Podemos ver su representación en muchas de las culturas originarias o en antiguas culturas. Tótems en varios lugares del mundo, efigies egipcias, el águila romana, las representaciones en los cascos de los barcos vikingos, etc. Están presentes desde el origen.
Los contactamos en lo que llamamos Realidad No ordinaria, y a la que llegamos en un estado de Conciencia No ordinario.
A ese mundo de abajo nos “transporta” el sonido rítmico y repetitivo del Tambor.
El eje de esta práctica es el Viaje de Tambor.
Dicen los originarios del Norte, que el tambor es como un caballo que te lleva y que te trae. Su sonido rítmico nos transporta a esa realidad no ordinaria y nos vuelve a traer de vuelta.
La forma de llegar al Mundo de Abajo es entrando a un túnel o bajada. Se desciende a través de un portal, por el agujero de un árbol, conocido o imaginario, siempre con el acompañamiento del sonido rítmico del tambor.
Ese sonido va penetrando nuestro ser y nos transporta. Es para ello importante estar en un ámbito calmado y silencioso, acostados o sentados, de manera que nuestro cuerpo físico no haga ningún esfuerzo para sostenerse, y en oscuridad, o con los ojos tapados.
Una vez que conectamos con nuestro Animal de Poder en el Mundo de Abajo, a partir del encuentro, le decimos nuestra Intención. Esa intención debe ser formulada con claridad y solo puede ser de a una a la vez. Por ejemplo: “quiero sanar la afectación por la muerte de mi madre”, “quiero saber el origen de mi miedo a la enfermedad”, “quiero soltar mi apego a….”, etc.
Es una gran herramienta de sanación, para aquellos planos a donde no llegan las terapias tradicionales, necesarias, pero limitadas. Una práctica que sana las más profundas heridas del alma, aquellas que dejaron huella en nuestra emocionalidad y que de alguna manera condicionan nuestra manera de encontrarnos con el Mundo del Medio hoy y nuestras relaciones en él. Traumas, dolores, angustias o miedos, que muchas veces nos limitan, nos impiden, nos sesgan, nos condicionan, nos traban.
Existe también el Mundo de Arriba. Allí habitan nuestros Maestros o Guías Espirituales. Seres espirituales llenos de luz y de amor, que nos inspiran, nos cuidan, nos acompañan en el camino. Algunos pueden ser ancestros o antepasados, que se quedan generosamente a cuidar de la familia. De allí el respeto y la presencia permanente en culturas tan lejanas, desde Japón a la Roma antigua, desde Grecia al altiplano Andino y todo Sudamérica. Desde el Tíbet a América del Norte.
Para acceder al Mundo de Arriba se asciende por el fuego y el humo de una fogata. Uno asciende, traspasa un velo/nubes, y llega a un espacio, donde nos espera nuestro o nuestros Maestros y Guías Espirituales. Al igual que los animales, podemos tener más de uno. Y al igual que los animales vamos a su encuentro con una intención. También en el caso de los Maestros, podemos haber percibido su presencia de alguna manera, en el Mundo del Medio.
Como parámetro más conocido, podrían asimilarse con la figura y la esencia de los ángeles. Seres llenos de luz, de poder, de sabiduría y de una amorosidad infinita, niveles de amorosidad, que yo no he experimentado en este Mundo del Medio.
En mis encuentros con ellos, cuando viajo a sus mundos, he transitado los momentos y las emociones más profundas y bellas que viví en toda mi vida.
Una de las cosas que más me atrajeron de la práctica chamánica, es que no tiene, ni debe tener “resultados correctos”. Nada de lo que sucede está mal. Todo lo que sucede está bien, por definición. No hay juicio, ni corrección. La experiencia es lo que es. Se valora y se agradece lo vivido y lo recibido. Y no hay un “eso no”. No hay un deber ser. No hay juicio.
Una, de las muchas enseñanzas recibidas en mi convivencia con la comunidad wichí, es que ellos no usan el término “está mal”. Utilizan el “hacé bien, o hacé mejor”, o repiten la enseñanza de lo que se ha dado. Y se refleja mucho en la actitud y el comportamiento de los niños. Niños tranquilos, respetuosos, considerados con sus pares, sin gritos ni exigencias. Una cultura y una práctica, donde las cosas no están mal, es una cultura que respeta el tiempo de cada uno y valora el aprendizaje que ocurre. Y nada es mucho o poco, bueno o malo. Es lo que es.
Siempre y en todos los casos, viajar a los mundos de Abajo o de Arriba, implica ir con una Intención. Se viaja para “algo”. No solo porque allí la pasamos bien. La intención puede ser muy variada y cada viaje, es una experiencia en sí misma, con resultados inciertos, pero siempre enriquecedores.
En resumen, el eje del viaje chamánico es acceder, llevados por el sonido del tambor, a los mundos donde habitan nuestros Maestros Guías y Animales de Poder.
Viajamos para sanar o a sanarnos, a recuperar alma, a conectar con el espíritu de aquellos que ya partieron, o a buscar información nosotros o para aquellos que lo solicitan.
Y lo más importante es que, una vez que adquirimos la técnica, a través de la práctica, de allí en más el acceso, la experiencia y el aprendizaje es todo nuestro. No necesitamos maestros o gurúes en el Mundo del Medio que nos digan que debemos hacer, pensar o sentir. Nos manejamos con la información explícita o simbólica que recibimos en el viaje y le damos la interpretación que nos resuena a nosotros.
Nadie, nunca, puede habilitarse a interpretar lo recibido en un viaje chamánico. Si quizás, puede ayudar a aprovechar al máximo la experiencia, para rescatar la mayor cantidad de datos, información o emociones disponibles, pero nunca a interpretarlas.
Además del viaje de tambor, existe y lo he experimentado en varias ocasiones, el viaje con Plantas sagradas. La ayahuasca, entre otras, es una planta utilizada por tribus del Amazonas, que nos conecta con el espíritu de la planta, que en general se presenta como una serpiente (de hecho, es una liana) y que también nos transporta a una realidad no ordinaria.
Mal denominadas plantas alucinógenas, más allá que las imágenes o visiones a las que se accede con su ingesta. Al igual que con el tambor estamos en un estado de conciencia absoluta, del que se recuerda absolutamente toda la experiencia, una vez que volvemos del viaje, cuando la planta disminuye su efecto.
Muchos relatos tenemos en el memorable libro de Las Enseñanzas de don Juan, de Carlos Castaneda. El uso y la ingesta de plantas sagradas, también nos transporta a realidades no ordinarias, donde otro mundo se hace presente, lleno de símbolos, mensajes, sanaciones y purificaciones, que alivian nuestro cuerpo y nuestra alma.
Lamentablemente, por la información distorsionada que circula, tiene “mala prensa”, pero al igual que los viajes de tambor, son una fuente maravillosa de conexión con los espíritus de la naturaleza y con nosotros mismos. Solo hay que hacerlo en el ámbito adecuado, con las personas adecuadas, que puedan mostrar idoneidad, respeto y cuidado para con aquellos que acompañan en este tipo de práctica.
Mis experiencias en la toma de Ayahuasca y San Pedrito (un cactus de la zona cordillerana), y la práctica de Temazcal (un ritual indígena que se desarrolla dentro de una especie de carpa y es similar a un sauna,) fueron tan intensas, como hermosas.
Con un enorme aprendizaje, de purificación y sanación. Siempre me sentí cuidado y acompañado por mi querido Yuri, un el hombre medicina, del Camino de los Hijos de la Tierra, una comunidad con asiento en Uruguay.
También es importante incorporar el concepto de Círculo, de Comunidad, de Tribu. Si bien se puede, y de hecho la gran mayoría de los viajes los he hecho en soledad, con el sonido del tambor grabado en algún dispositivo, es en grupo cuando la intención se hace una y se potencia.
Compartir esta experiencia en comunidad, hace que la energía de cada uno se sume a la del resto de los integrantes del círculo.
El viaje, que sigue siendo individual, pero compartido en tribu, es maravillosamente potenciado en esa sinergia, que se amplifica en su máxima expresión, con la Danza de Poder.
Hasta aquí, esta brevísima reseña de lo que es el chamanismo y de que se trata el viaje chamánico. Una semblanza de lo que todos y cada uno de ustedes pueden desarrollar en sus propias vidas y experiencias.
No es necesario poseer poderes especiales, o haber nacido en culturas originarias o haber tenido experiencias extrasensoriales. Solo con el deseo y la voluntad de llevar adelante esta práctica, otros mundos inimaginados, llenos de poder y magia, los están esperando.
A cada uno, a cada una, a personas comunes y con vidas ordinarias, como yo, los esperan las más maravillosas experiencias y sus aprendizajes. Y un camino verdadero de sanación.
En todos los viajes es importante tomar nota de cada palabra, imagen, situación, emoción o lo que fuere que hayamos vivido. Y luego transcribir cada detalle en un cuaderno. Yo le llamo Bitácora de viaje y a lo largo de estos 15 años, ya llevo escritos 7 cuadernos, con más de 180 viajes.
De allí seleccioné y les voy a relatar, algunos de mis viajes y experiencias más significativas, para que visualicen aquello de lo mucho que pueden lograr por y para ustedes mismos. No necesariamente están en orden cronológico, algunos de ellos se intercalan por razones didácticas o por conveniencia del relato. ¡Compartamos juntos este viaje!
Allá vamos.